Catequesis para el apostolado – Capítulo 3

Haz una vida normal como cristiano, sin esconder tu fe.

No escondas tu fe en Cristo, pero no hace falta que la vayas publicando por las plazas, deja que los demás lo sepan viendo tus obras, viendo como ayudas a tu iglesia y cuando acudes a las celebraciones religiosas.

Vive tu vida cristiana con naturalidad, sencillez y humildad. Tus obras y tu conducta hablaran por ti y por tu fe.

Anima e invita a los demás a acudir a la Santa Misa y a otras celebraciones religiosas. Anímalos pero no los obligues, la fe es real cuando los hombres y mujeres deciden por su propia voluntad seguir a Cristo.


“Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.”


“Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña.”


“Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.


Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en vosotros, a fin de que ellos vean vuestras buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.”


(Mateo 5:13-16)