Catequesis para el apostolado – Capítulo 1

Ya hemos recibido el Sacramento de la Confirmación, ya estamos preparados para el apostolado con la ayuda del Espíritu Santo.

Jesús murió en la cruz por ti, porque te ama, para redimir todos tus pecados, si te abrazas a su cruz lo tendrás todo en esta vida y serás merecedor de la vida eterna. Ese es el mensaje que tenemos que dar con alegría a los demás.

Los católicos tenemos la necesidad de hablar de Jesús, es lo que más queremos en nuestra vida y tenemos que contárselo a todo el mundo. A nosotros, nos cuesta mucho entender por qué los demás no aman a Jesús, porque para nosotros es el centro de nuestra vida.

En Jesús tenemos una fuente de paz y felicidad que nos hace ser mejores cada día,  por eso buscamos parecernos a Él, buscamos constantemente tener un corazón similar al suyo, porque solo de un corazón bueno salen cosas buenas.

La mejor forma de que los demás empiecen a acercarse a Jesús es viendo en nosotros, en nuestras obras, un reflejo de Jesús. Ese Jesús que cuando miraba a sus hijos y les decía: “Sígueme“, en ese momento, se les abría el corazón, la vista y el entendimiento para dejarlo todo y seguir a Jesús.

Por eso, para nuestro apostolado, nuestro ejemplo de apóstoles de Cristo es fundamental. Cuando los demás vean que nuestras obras son buenas, misericordiosas y llenas de amor , verán en nosotros un reflejo de Jesús, y no dudarán en hacerlo también, poco a poco, el centro de sus vidas.

Esa es la primera norma para tener éxito en nuestro apostolado, vive tu vida siendo un reflejo de la vida de Cristo para que los demás vean tus buenas obras. Esas buenas obras hablaran por sí solas de Jesús, y cuando los demás se encuentren a Jesús, no tendrán más remedio que seguirlo.

Por otro lado, somos pecadores y cometeremos muchos errores, también a los ojos de los demás, pero no perdamos la ocasión de mostrarles cual es la Misericordia de Jesús pidiendo perdón por nuestros errores y acudiendo al sacramento de la penitencia donde Jesús perdona nuestros pecados y nos llena de gracias. Eso también es dar testimonio de Jesús y su doctrina.

Por supuesto, no olvides que todo lo bueno que consigas viene de Dios, Él es el que tiene el mérito de tus éxitos, dale gracias constantemente porque sin Él no conseguiríamos absolutamente nada.

Que tus obras sean reflejo de Cristo, que tu corazón sea semejante al suyo, esa es la primera norma para poder hacer un buen apostolado.